La importancia del enfoque (2)

El compromiso con nuestra decisión

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Siempre hablamos del enfoque, ya sea para definir los objetivos de una organización, el “futuro” de un adolescente o joven, en el momento en que un adulto necesita tomar decisiones sobre asuntos que se le van presentando en la vida.

El discurso nos pide no desenfocarnos. Los padres que a veces estamos más desenfocados, les decimos a nuestros hijos que se dediquen a lo que les gusta, que estudien, que se concentren en lo que les será provechoso, que en vez de pasar horas con los amigos, ese tiempo valioso sea dedicado a sus objetivos profesionales.

Sin embargo, el enfoque no es una práctica fácil y tampoco viene para quedarse para siempre. Es difícil de atraparlo, pica, vuela, va y viene como un picaflor sobre una flor. Es más complejo en los niños y adolescentes, también en el joven que está empezando a gozar de su mayoría de edad.

A veces se le confunde con la costumbre de vivir (en realidad, de sobrevivir) sin correr mayor riesgo. Quedarse en la zona de confort donde nada pasa, pero que consume y palidece al ser humano.

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El enfoque no es fácil, si lo fuera, el mundo sería diferente y las personas tal vez no ganarían tanta experiencia y la vida sería como un programa definido. No, menos mal que no es así. Y muy bien que el enfoque sea esquivo y exigente para que el ser humano tome decisiones poderosas para lograrlo.

Es cierto que existen personas con un nivel de enfoque impresionante, muchas veces fortalecido por una gran idea que creen será de impacto nacional o internacional, por lo tanto, dejan todo y se embarcan en un bote incierto, incluso, cuando el mar está tan movido, y ellos siguen, siguen hasta dejar el último aliento o moneda.

Este grupo de personas es pequeño y normalmente son los líderes de las grandes compañías que fabrican productos que la gente espera con emoción. Tienen un alto nivel de confianza, empatía, intensidad, y son disruptivos, entre otras características, como la obsesión.

Enfocarse en un objetivo es una decisión poderosa, porque supone dejar aquello que aparece como distracción. Es difícil para las personas que tienen distintas habilidades, por ejemplo, un trome en matemáticas, música, apasionado de la biología, de la arquitectura, de la poesía, o que le encanta enseñar.

Entonces, se siente confundido porque llega un momento en la vida de cada persona en el que necesitará elegir y dejar, al menos por un tiempo, las otras cosas en las que es buenísimo.

En una oportunidad el poeta Toño Cisneros me preguntó qué cosa quería hacer. ¿Dedicarme a la poesía, al teatro, a la locución, al periodismo, a ser profesor de colegio o vendedor? Como me quedé callado, me dijo que tome una decisión y me comprometa totalmente con eso. Eso fue en 1985 y yo tenía 20 años.

A partir de ese día quedé en el limbo y empecé a preocuparme. No entendía por qué necesita elegir una sola opción y ponerle toda mi energía, dejando las otras cosas que yo había declarado que formarían parte de mi vida.

Antes de llegar a los 20 años yo había decidido ser periodista y con esa profesión ganar dinero para sostener mi poesía, el teatro, la danza y viajar por el mundo. Por alguna razón me visualizaba ganando poco dinero, viviendo con las justas en cuartos alquilados, publicando libros, actuando o dirigiendo teatro, enseñando en colegios públicos. Participando en política y transformar el Perú.

(Continuará)

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