“Aquí no se practica, se trabaja”

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Yo empecé en el periodismo en junio de 1988 y así se abrió una nueva ruta en mi vida que aún sigo. Mi decisión de ingresar al diario La República, mejor dicho, que Nilo Espinoza Haro, haya aceptado mi incorporación al equipo del suplemento Domingo, cambió algunas metas que yo quería cumplir, por ejemplo, seguir en el mundo del teatro, vivir en poesía (ya había escrito mi primer libro Caballero de Bosque que recién publiqué en 1997), dedicarme a la locución, entre otras cosas como la política, y mi vocación de observador impertérrito de los atardeceres de Lima.

Nilo Espinoza, editor general del Suplemento Domingo, me preguntó si sabía algo de política, le respondí que sí; entonces, me dijo que nombrara a todos los ministros de Alan García. Me dejó en su oficina con una máquina de escribir y una carilla y cuando regresó 15 minutos después yo solo había recordado a 6.

-Ya no recuerdo a los demás porque los apristas ladrones no merecen ser nombrados.

-Sí los recuerdas. Piensa. Escribe los nombres de todos los ministros de García.

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En ese instante estuve a punto de pararme y mandar al carajo a Nilo, pero, como había hecho la promesa a Agustín Merello, uno de los creadores de la Prospectiva, de no ir rompiendo paredes y defendiendo causas perdidas, debía aceptar las cosas tal como me las plantearan. Es decir, si la piedra era negra y alguien me decía que era blanca, yo tenía que estar de acuerdo de que era blanca, aunque verbalmente podría destruir al sujeto y demostrarle que no solo estaba miope y daltónico, sino, enajenado.
Me quedé sentado y conteniendo mis deseos de explotar, detenido solo por cumplir mi promesa a Agustín. Nilo volvió a ingresar a los 30 minutos y con cigarrillo en la mano derecha me preguntó:

-¿Recordaste?

-No

-Vamos, tú sabes los nombres…

Y así me quedé 30 minutos más, hasta que el silencio de la oficina me fue tranquilizando o tal vez la necesidad ingresar a trabajar a un diario. Una gran oportunidad que pocos de los estudiantes de periodismo tenían en esos años. De pronto, empecé a escribir los nombres de los sujetos que fungían de ministros del primer gobierno aprista donde hasta el portero de ENCI coimeaba.

-¡Bien! Yo estoy seguro de que tú sabes más que solo recordar los nombres de esos impresentables

Nilo me pidió que escribiera un párrafo sobre Alfonso Barrantes, Fernando Belaúnde, y sobre muchos temas. El maestro Antonio Gálvez Ronceros, autor del libro Monólogo desde las tinieblas, se encargó de leer cada párrafo y al final le dijo a Nilo que todo estaba bien.

Nilo me dijo que le siguiera y me llevó a otra sala donde había varios escritorios y me pidió que me sentara.

-Este es tu escritorio. A partir de ahora trabajas en La República. Ojo, entras a trabajar y no a practicar. Aquí no se practica, se trabaja. Semanalmente vas a ganar ….
(Continuará)

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