Siempre que aparece una nueva tecnología, hay voces que empiezan a pronosticar el fin y el comienzo de una nueva era, de una nueva forma de vida y de hacer determinadas tareas. Así fue también cuando empezó la pandemia: muchos se lanzaron al vacío al pronosticar que, a partir del 2020, el trabajo sería netamente virtual y que se acabarían los eventos presenciales, etc. Los que se atrevieron a más dijeron que el ser humano no volvería a ser el mismo, que empezaba una nueva era. Cuando terminó la pandemia y todos volvieron a sus actividades, también volvieron a ser los mismos, a repetir sus formas de ser.
Suele suceder que muchos de los que se promocionan como líderes sociales, políticos o pensadores, son simplones y básicos. Y como tal, lanzan sus ideas sin rigor, sin tener en cuenta la historia y el comportamiento humano. La complejidad no se puede explicar con pobres razonamientos, hay que observar, estudiar y estudiar.
Esto está sucediendo con la inteligencia artificial, que en un tiempo récord ha logrado convertirse en algo esencial para el ser humano. Y todavía falta mucho por ver. En junio de este año, en el Advancing IA de AMD, realizado en San José, California, Sam Altman, CEO de OpenAI, dijo que en el 2030 veremos el real potencial de la IA, en niveles que hoy no nos imaginamos.
Eso es posible. La inteligencia artificial ha llegado para quedarse y convertirse en el motor que moverá las cosas más rápidamente que en cualquier otro tiempo.
De sus posibilidades y retos, de lo que puede hacer el ser humano, mi querido lector, ya habrás escuchado y leído bastante. Si lo quieres ver más allá de esta dimensión, es válido; si lo quieres ver como una simple herramienta, también es válido. Dependerá de qué es lo que quieres hacer, cuál es el conocimiento que tienes de tu área, cómo concibes el mundo y tu trabajo. Es una herramienta que está retándonos a entenderla y dominarla. Los que deciden ignorarla están cometiendo un error, pues no se trata de darle el poder absoluto para hacer todas nuestras cosas, sino de dominar la tecnología para realizar nuestras tareas.
La gran pregunta no es qué podemos hacer con la IA, sino qué cosas no debemos dejar de hacer sin la IA. Qué son esas tareas o simples acciones que deberíamos seguir haciendo para no entregarle todo nuestro trabajo y así convertirnos en especialistas en crear prompts.
Es un gran reto para la humanidad no dejarse llevar por la ola y más bien ser un actor hábil e independiente, que se coloca por encima de la tecnología y, sobre todo, por delante de todo lo que hoy tiene como conocimiento. La IA nos plantea el reto de superarnos a nosotros mismos. No es una etapa de crisis, al contrario; pero si lo entendemos como que nos está sacando de la zona de confort, se podrían activar habilidades y determinaciones que antes no habíamos explorado. Es tiempo para la disrupción.
¡Abrazos amazónicos y felices Fiestas Patrias, queridos amigos!





























