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La lectura para no ser un robot

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En el verano de 1984, empecé a estudiar periodismo en la Universidad de San Martín de Porres (USMP) y uno de los grandes problemas era la falta de vocación por la lectura de la mayoría de los estudiantes universitarios. Este drama se volvía tenebroso cuando un profesor más o menos preparado confrontaba al alumno y le decía sin reparos: “¿Qué hace usted aquí ocupando un asiento de alguien que sí quiere ser diferente y competitivo? ¿En qué colegio estudió? ¿Cuánto pagó para ingresar a la universidad?”.

La escena era desagradable, porque el que se asumía como profesor “ilustrado” creía tener el “derecho” de pisotear a cualquier ser humano que pretendía ser universitario, pero que le huía a los libros, a la lectura y, por lo tanto, a escribir decentemente. Para colmo, pretendía ser periodista.

Nací en setiembre de 1965, y desde que tengo uso de razón, he escuchado sobre la importancia de la lectura. Leer de todo, absolutamente de todo. Por lo tanto, me declaro un fascinado por las historias de la extraordinaria Corín Tellado; por las historietas que en Iquitos llamamos “chistes”; por las novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía; por Vanidades, Selecciones, Caretas, Siete Días (de La Prensa), y por todo aquello que tuviera letras y oraciones.

En honor a la verdad, así era mi generación. La forma en que estaba estructurada nuestra vida nos impulsaba a leer el periódico matutino y el vespertino. Escuchábamos las noticias antes de salir para el colegio o la universidad y nos acostábamos escuchando la radio, donde una voz hermosa y educada nos hablaba y ponía las canciones que nos hacían suspirar y dormir ilusionados o con el corazón más jodido por la nostalgia o el amor no correspondido. Escuchábamos música en la radio o en nuestros tocadiscos y solo veíamos los videoclips en el programa “Disco Club” del memorable músico Gerardo Manuel.

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Este melancólico escenario no volverá. Nada es igual, ni siquiera en el siguiente segundo. Todo cambia, evoluciona y así se forman las eras en la historia de la humanidad. Esta es una época maravillosa en la que la ciencia y la tecnología tienen un desarrollo impresionante y a una velocidad que nunca se había vivido anteriormente.

Nos enfrentamos a la desaparición de formas tradicionales de hacer las cosas, para darle paso a herramientas que están modificando nuestro comportamiento y las formas de realizar nuestras tareas o pasatiempos. Hoy es todo más rápido y automatizado. ¡Al instante! La inmediatez es la regla y no hay tiempo para dejar para mañana lo que se debe hacer hoy, porque mañana aparecerán más tareas que necesitan ser ejecutadas con precisión.

¡Tiempos de transformación de las herramientas tecnológicas!
Sería genial que el ser humano también decida activar su cerebro para no quedarse como furgón de cola de la tecnología y la ciencia. Para que siga siendo el Homo sapiens que transforma, se entrena y evoluciona a estados cada vez más sutiles, para ser un ser consciente, activo y comprometido. A este paso, si no nos enfocamos en el ser, en aquello que nos distingue de otras especies, terminaremos siendo los robots (tontos útiles) de lo que hoy se llama inteligencia artificial.

Un primer paso es volver a leer, leer y leer, pues suceden cosas extraordinarias en tu cerebro cuando lees.
¡Abrazos amazónicos, queridos amigos!

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