Julio Velarde cumplirá veinte años en octubre de 2026 como presidente del BCR, y todo indica que dejará el cargo, aunque la gran mayoría de peruanos queremos que se quede. La independencia del BCR y su pulcritud en el manejo de la estabilidad monetaria ha permitido que el Perú hoy tenga una moneda sólida y confiable.
Si Velarde se aleja del BCR, nos queda la esperanza de que el sucesor sea de su escuela: un profesional independiente y defensor de la institución, donde ni el Ejecutivo ni el Congreso tengan la más mínima opción de intervenir.
Velarde es reconocido a nivel mundial como uno de los mejores funcionarios de bancos centrales. Su prestigio nos enorgullece a los peruanos.
Así como Velarde nos hace sentir tranquilos por su gestión y nos genera confianza y orgullo, así también deberíamos sentirnos de las distintas autoridades que elegimos vía el voto y por aquellos que son nombrados.
Sin embargo, no es así. Las instituciones del Estado peruano están pobladas por bribones e incompetentes que las utilizan para robar, favorecer a sus allegados o cobrar coimas para aprobar contratos y licitaciones. No son todos, pero los miserables tienen más poder.
Para estos impresentables, Julio Velarde es el enemigo, porque es diferente, porque no entra al clan de la triquiñuela y el pandillaje. Es la oveja negra que malogra la vocación de destruir el Estado desde adentro. Los otros son una bomba atómica dentro del sistema.
Los peruanos solemos decir que pase lo que pase –ya sea con el peor presidente o los congresistas “mochasueldos” y despistados, más de las veces enfocados en destruir que construir– la economía peruana sigue adelante, que nada la detiene.
Eso no es cierto. «Tantas veces va el cántaro al río que termina rompiéndose» es un dicho que define la constancia en las cosas, ya sea para bien o para mal. No se puede estirar tanto la liga. Si hasta hoy hemos resistido los tremendos efectos de la corrupción, la falta de calidad en los profesionales y autoridades y la paralización de obras fundamentales es porque el sistema tiene pilares muy fuertes, pero no abusemos.
Digo que no abusemos, en referencia a nuestra responsabilidad al momento de elegir a las autoridades. En estos días, literalmente ya hemos entrado en el proceso de las elecciones presidenciales, y de diputados y senadores que asumirán sus cargos a finales de julio de 2026. Recordemos que somos los votantes los que los ponemos ahí.
Este proceso eleccionario será un reto para los peruanos porque tendremos que elegir entre muchos candidatos de agrupaciones donde no hay un espíritu democrático, es más bien autoritario, porque los candidatos serán elegidos de manera subrepticia por los dueños de los partidos. Así es: en Perú se crean agrupaciones políticas como si fueran empresas, con el propósito de ser «vientres de alquiler» de cualquier impresentable que sueña con tener poder.
Nos quedan meses en los que tenemos que ser estudiosos, observadores y críticos. Una fuente maravillosa para el hombre es la historia, nuestra historia. Si quieres ir construyendo un país competitivo, culto, desarrollado y democrático para los próximos cincuenta años, es clave que empieces hoy ya no pensando solo en ti, sino en los que vienen: en tus hijos, sobrinos, tus nietos… el Perú.
¡Abrazos amazónicos, queridos amigos!




















